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Hay muchos pensadores que sostienen la ineptitud de la Metafísica para probar nada. Sea como sea, parece que problemas como el de la existencia de Dios sólo tienen cabida en la Filosofía; si ésta no sirve, tanto peor para los que no les basta con la fe y sienten la necesidad de probar la existencia o inexistencia de Dios; pero que no se busquen argumentos en la ciencia.
La ciencia es totalmente ajena a esta cuestión y la prueba está en que de ella se ha pretendido sacar argumentos en favor y en contra de la existencia de Dios: Kepler y Newton se extasiaban ante el orden universal que, según ellos, implicaba la existencia de Alguien que lo hubiese establecido; Maupertuis suponía que el principio de mínima acción de la dinámica era la mejor prueba de una Sabiduría Divina; Jeans piensa que este universo ha sido construido por un Dios Matemático, con conocimiento del cálculo tensorial y la teoría de los grupos. Por el otro lado, hay espíritus dispuestos a creer que el desarrollo de la ciencia prueba la inexistencia de Dios; no veo, sin embargo, cómo el descubrimiento de leyes en el terreno de la biología y de la psicología puede resultar reconfortante para los que piensan así; si no he entendido mal, las experiencias de Pavlov demuestran que buena parte del mundo psíquico revela ya una obediencia a leyes estrictas; pero ¿no es la existencia de leyes ineluctables lo que lleva a otros a creer en la existencia de Dios?
En realidad, un censo de opiniones mostraría que buena parte de los sabios creen en un Principio Ordenador. Por mi parte, me parece que la ciencia estricta nada puede probar en este problema. En la medida en que sus hombres pronuncian estas ansiosas afirmaciones no pertenecen a la ciencia: pertenecen a la Teología o a la Metafísica, que tanto odian.
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Uno y el Universo es un conjunto de artículos escritos en 1945 y premiados por un jurado de reconocido mérito: Adolfo Bioy Casares, Vicente Barbieri, Leonidas Barletta y Ricardo Molinari. Aquel Primer Premio en Prosa de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires presentaba a un Ernesto Sabato joven y punzante, lúcido y reflexivo.
Los textos que aparecen en este histórico volumen pasan revista a los hechos políticos y filosóficos heredados del siglo XIX y cuyas consecuencias tienen todavía hoy profundas resonancias en la conformación de sujeto y su relación con el mundo de las ideas, las ilusiones y el progreso. “La ciencia es una escuela de modestia, de valor intelectual y de tolerancia: muestra que el pensamiento es un proceso, que no hay gran hombre que no se haya equivocado, que no hay dogma que no se haya desmoronado ante el embate de los nuevos hechos.” Con la agudeza que luego afianzará, pero con la misma convicción moral de siempre, Sabato ilustra su permanente interrogación sobre el hombre, censura la moral neutral de la ciencia y aboga por una cultura donde tengan cabida los otros, en una nueva imagen del mundo.
Sábato Nació en Rojas, Buenos Aires (Argentina), en 1911. Cursó estudios superiores de Física en la Universidad de la Plata, Buenos Aires. Trabajó en el Laboratorio Curie en Francia sobre radiaciones atómicas, al tiempo que toma contacto con los surrealistas. De vuelta a su país, imparte clases de Física en la universidad.
En 1945 publicó su primera obra “Uno y el Universo”, colección de breves ensayos. Ese mismo año abandona su primera vocación científica, para dedicarse por completo a la literatura.
En los años cincuenta atravesó una crisis producto de las contradicciones entre un mundo “claro y luminoso de las matemática”, según sus palabras, y el atormentado y complejo mundo de la literatura. A esta época corresponden sus ensayos “Hombres y engranajes”, escrito en 1951, y “Heterodoxia”, 1953, en los que realiza una crítica en profundidad sobre el futuro de la ciencia desde una óptica humanista.
En 1948 publica su primera novela, “El túnel”, y trece años después la que le dio fama internacional “Sobre héroes y tumbas”, 1961; quedando consagrado como novelista con su obra “Abaddón el exterminador”, 1974, visión apocalíptica de la realidad Argentina, premiada en Francia con el Premio al Mejor Libro Extranjero en 1974.
Importante también ha sido su pensamiento político reflejado en artículos y columnas de la prensa, así como en sus libros “El caso Sabato; torturas y libertad de prensa; carta abierta al General Aramburu”, 1956 y “El otro rostro del peronismo: carta abierta a Mario Amadeo”, 1956.
 Como escritor que ha alentado la defensa de los valores y derechos de la persona, además de su postura contraria a la política dictatorial y autoritaria de algunos políticos argentinos, presidió en 1984 la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (CONADEP), que redactó el “Informe Sabato”, conocido en España como “Nunca más”, sobre los desaparecidos argentinos entre 1976 y 1982.

-Maria del Rosario Rodriguez-



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