“Escena V”

Garcín: Escucha, cada uno tiene su objetivo, ¿no es cierto? Yo me reía del dinero, del amor. Quería ser un hombre. Un valiente. Lo aposté todo al mismo caballo. ¿Es posible ser un cobarde cuando se han escogido los caminos más peligrosos? ¿Puede juzgarse una vida por su solo acto?


Inés: ¿Por qué no? Soñaste treinta años que tenías coraje y te perdonabas mil pequeñas debilidades porque todo estaba permitido al héroe. ¡Qué cómodo era! Y después, a la hora del peligro, te pusieron entre la espada y la pared y… tomaste en tren a México.

Garcín: No soñé ese heroísmo. Lo escogí. Se es lo que se quiere.

Inés: Pruébalo. Prueba que no era un sueño. Sólo los actos deciden acerca de lo que se ha querido.
Garcín: He muerto demasiado pronto. No me dieron tiempo para ejecutar MIS actos.

Inés: Se muere siempre demasiado pronto- o demasiado tarde-. Y sin embargo la vida está ahí, terminada; trazada la línea, hay que hacer la suma. No eres más que tu vida.

Garcín: ¡Pues bien! Éste es el momento. La estatuta está ahí, la contemplo y comprendo que estoy en el infierno. Os digo que todo estaba previsto. Habían previsto que me quedaría delante de esta chimenea, oprimiendo el bronce con la mano, con todas esas miradas que me devoran…¡Ah! ¿No sois más que dos? Os creía mucho más numerosas. Así que esto es el infierno. Nunca lo hubiera creído…¿Recordáis?: el azufre, la hoguera, la parrilla….¡Ah! Qué broma. No hay necesidad de parrillas; el infierno son los demás.

(FUENTE: Lorquiana)

IMAGEN: by Jason deCaires Taylor



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